Monasterio de La Concepción, Hermanas Clarisas de Medina de Rioseco, Valladolid

 

Ubicación del Monasterio

Medina de Rioseco, la Ciudad de los Almirantes, está emplazada al norte de la provincia de Valladolid, a 42 Kms de la capital. Es una ciudad de origen romano que está situada en la calzada de Astorga a Zaragoza. Debió su prosperidad medieval a sus ferias y mercados y alcanzó su cenit durante los siglos XVI y XVII, bajo la poderosa estirpe de los Enríquez, Almirantes de Castilla.

En su relieve predomina la llanura de campiña con retazos de páramo circundante y cerros testigo, típicos de la meseta. Dos son las vías de agua que riegan los campos de esta Ciudad: una, natural: el río Sequillo; la otra, artificial: el Canal de Castilla en su ramal denominado Ramal de Campos, construido entre los siglos XVIII y XIX.

En la época romana era un importante nudo de comunicaciones, que  favoreció su desarrollo como centro comercial. De la época visigoda apenas queda algún vestigio. Fue de los árabes de quienes tomó el nombre que lleva.

Es en 1.421, cuando Juan II hace donación de la villa a Don Alfonso Enríquez, primer Almirante de Castilla, que la hace sede  del Almirantazgo y Mayorazgo para sus hijos y descendientes. Felipe IV, en 1.632,  le concede el titulo de Ciudad.

 

Fundación del Monasterio 

La existencia del Monasterio de la Concepción de las religiosas Clarisas en la Ciudad de Medina de Rioseco, es el fruto del auge de la Orden franciscana en la Villa, bajo la tutela de la familia riosecana de los Enríquez, Almirantes de Castilla, y, más concretamente, de Don Fadrique II y su esposa  Doña Ana de Cabrera. Esta familia fue la verdadera impulsora de las fundaciones franciscanas en la floreciente Villa de Medina de Rioseco durante los siglos XV, XVI y XVII.

La bula papal para la erección de este nuevo cenobio la recibió don Fadrique II el año 1.491; y el primer emplazamiento de este Monasterio tiene su origen en un edicto de los Reyes Católicos, en el que se ordena a los judíos abandonar España. El Almirante, es el benefactor de las casas, corrales y sinagoga que los judíos han tenido que abandonar; y en esas dependencias es donde, tras la bendición por el Guardián del Convento de Valdescopezo, Fray Alonso de Espina, las hermanas Clarisas tienen su primera ubicación, en el mes de Agosto de 1.492, según consta en el Archivo conventual de Santa Clara, Leg. 1 doc. 5.

Poco tiempo estuvieron las Clarisas en este su primer emplazamiento, ya que en 1.499, estando el Almirante en la cercana villa de Villabrágima, recibe de Alonso de la Torre unas casas que tenía en Medina de Rioseco, situadas en lo que se llamaba en aquella época “pozos buenos”. En el emplazamiento de estas casas, es donde se ubica el nuevo Monasterio, que contiene una ermita dedicada a San Sebastián y  una residencia para las hermanas Clarisas, como se describe en el doc. 6 del mismo Archivo conventual.

Las religiosas tampoco estuvieron muchos años en este lugar, ya que a principios del siglo XVI, la Comunidad se traslada, ya de una forma definitiva, al lado opuesto de la Villa, ubicándose el Monasterio en unas casas que ocupaban unos tintoreros, nada más pasar el Puente de Posada, junto al Camino Real de Valladolid, muy cerca del río Sequillo. Este asentamiento, hacia 1.525, fue ampliado con unas casas que estaban contiguas. A pesar de los contratiempos, dificultades, sacrificios y pruebas de todo género que han tenido que soportar,  aquí permanecen procurando vivir con el mismo espíritu y sencillez  con que las fundara su Madre  Santa Clara.

 

Arte y archivo del convento

Parece que las obras de la fábrica fueron encargadas a Gaspar de Solórzano, arquitecto de la Catedral palentina, con el que se firma el contrato el 28 de abril de 1.529. Hoy nos es prácticamente imposible señalar las obras del primitivo Monasterio, debido a las numerosas restauraciones que se han producido a lo largo de los años. Como obra de cantería destaca la puerta de entrada al Monasterio, que consta de un arco rebajado, con los escudos de la familia fundadora en las enjutas y el recuadro. También hay que destacar, lo que queda del claustro, un solo lienzo de dos pisos con elegantes arquerías de medio punto sobre columnas de orden toscano, de sillares labrados a escoda,  que se debe a Juan de Corral y a Diego de Tapia.

En los primero años del siglo XVII comienzan las obras para la nueva iglesia del Monasterio y es el arquitecto D, Francisco de Paves y, el constructor, D.  Andrés cabezón. La obra no tiene mucho que destacar. Se sigue la línea de la época, es decir, muros de mampostería con sillares en los ángulos. Sobresale en su exterior la puerta adintelada con un enorme escudo de la familia Enríquez. Ya en el interior, nos encontramos con una amplia nave con bóveda de cañón, cúpula sobre pechina en el crucero y presbiterio de escaso fondo. A los pies del coro es digno de destacar una preciosa cajonería de nogal blanco de estilo barroco, procedente del antiguo convento de san Francisco.

Son años de esplendor y las religiosas Clarisas mandan labrar dos retablos para la capilla mayor. El primero corre a cargo de Pedro Balduque, pero posteriormente fue desmontado y, tal vez, vendido a otro convento, El otro retablo es de 1.662, de arquitectura sencilla, las columnas estriadas y las tarjetillas están  distribuidas por los diferentes elementos decorativos de retablo. Las figuras que rematan las hornacinas  son de Juan Rios y Alonso de Rocas y como las propias Clarisas del Monasterio dijeron en las escrituras: “a la manera de Gregorio Fernández”. Durante la ocupación francesa desaparece casi todo y solo se salva: una escultura de san Francisco, un gran crucifijo y una Asunción con trono de corona. Las tres obras muestran claros rasgos de deberse a la mano de Alonso de Rocas. También en clausura se conservan  dos buenos relieves de San Francisco y santa Clara, probablemente de algún retablo que pueden haber salido de la mano de Mateo Enríquez.

Capítulo aparte merece el Archivo del Convento en donde se conservan todos los documentos que marcan la vida del Monasterio  desde su fundación hasta nuestros días. En él encontramos la bula fundacional otorgada por el Papa Inocencio VIII a don Fadrique II en 1.491. La Regla manuscrita del Monasterio que data de 1.498 o la carta del privilegio que el emperador Carlos V  concedió a favor de don Fadrique en 1.535. Todos estos documentos formaban parte de lo que era la vida administrativa del Monasterio y que se iba recogiendo en diferentes libros que servían para el funcionamiento interno del Monasterio como los libros de cuentas o los libros de renta, así como los diferentes documentos que marcan una línea de acción para todos los Monasterios.

 

Evolución histórica de la comunidad

 

Hasta la Guerra de la Independencia

En sus primeros años de fundación, la Comunidad de religiosos clarisas,  fue muy numerosa. En 1.531, según un documento que obra en el  Archivo Conventual, ya eran 31 hermanas. Siendo los Almirantes de Castilla benefactores de la Orden y del Monasterio, fue normal que algunas de las hermanas de aquellos momentos pertenecieran a la familia de los Enríquez-Cabrera. Así,  encontramos en el Archivo Conventual a sor Ana Cabrera, Sor Mª Antonia y Sor Josefa Enríquez de Cabrea y sor Isabel de Cabrera.  La primera Abadesa del Monasterio fue la Madre Elena Rodríguez, que era natural de Aguilar de Campos.

Este Monasterio conoció años de esplendor y de grandes propiedades, coincidiendo con el auge de la Villa. Pero, cuando ésta entró en decadencia, también el Monasterio sufrió las consecuencias. Comprobamos que en 1.685 la comunidad estaba formada por 65 hermanas profesas; en 1.726 se redujo el número  a 35 hermanas profesas, 4 legas y 4 criadas; y, en 1.760, las hermanas profesas se redujeron a 16, las novicias a 2 y tenían también dos criadas seglares.Este Monasterio ha contado siempre con hermanas con fama de  santidad.  En la “crónica de la Provincia de la Concepción de San Francisco y su Apostólica Orden”, aparecen  nombres de  religiosas que gozaron de fama de santidad: Sor Isabel de Cabrera, Sor Constancia González, Sor Francisca de Villalobos y Sor María Dazas.

 

A partir de la Guerra de la Independencia

Los primeros años del siglo XIX son malos años para nuestra Patria, ya que las tropas francesas de Napoleón la invaden poniendo en el trono a José, hermano del Emperador. Medina de Rioseco no queda al margen, sino que, cerca de la Ciudad, se libra una de las batallas más importantes para el ejército francés que, derrotan a las tropas españolas. La victoria francesa es clara y no tardan en llegar las tropas a la ciudad, donde cometen toda clase de desmanes, como lo pone de manifiesto el Párroco de Santa María  en una crónica que se encuentra en el Archivo parroquial de Santa María. 

Nuestro Monasterio de la Concepción de las religiosas Clarisas no queda inmune a tanta barbarie por lo que, durante los años de la dominación francesa y su presencia en la Ciudad de los Almirantes, éste fue prácticamente tomado por las tropas, de tal manera que fueron varias las salidas que las religiosas Clarisas tuvieron que hacer de la clausura para pasar al cercano Monasterio de San Juan de Dios , como se pone de manifiesto en el Leg. 7, doc. 31 que se conserva en el Archivo Conventual del Monasterio. 

Son años muy difíciles para la Comunidad en todos los sentidos; y solo son 15 las hermanas que en aquel entonces quedan en el Monasterio bajo la guía de la Madre Abadesa María de Carrascal, quien intenta por todos los medios que la Comunidad sea respetada. Para lograrlo, no duda, ante la situación en que se encuentran, de pedir ayuda al mismo Ayuntamiento, reclamando una deuda que éste había contraído con el Monasterio, como se pone de manifiesto en el Leg. III que se encuentra en el Archivo Municipal. 

En aquella situación, los daños que van sufriendo las diversas dependencias del Monasterio, al ser usadas como cuartel, en un primer momento y, más tarde, como hospital para los heridos que las tropas francesas iban sufriendo por parte de los soldados españoles, son muy importantes y ante esta situación  la valiente Abadesa, Madre María de Carrascal,  no tiene reparos en quejarse al  mismo jefe de las tropas francesas ante los gravísimos daños que van sufriendo las distintas dependencias del Monasterio, como consta en  el Leg, 7, doc. 33 que se encuentra en el Archivo Conventual del Monasterio. 

El 22 de Mayo de 1.815 regresaron definitivamente las religiosas clarisas al Monasterio una vez que  este fue habilitado por parte  del Hermano Guardián, Fray Antonio Peña.  El 9 de octubre, se bendice la iglesia y, en acción de gracias, se canta una Misa y un Te Deum. 

Con la retirada de los franceses no acaban los problemas de la Comunidad de religiosas del Monasterio, ya que en los postrimerías de siglo XIX en España se produjeron fuertes desamortizaciones a la Iglesia por parte de los diferentes gobiernos de nuestra Patria, que afectaron en gran medida a las distintas comunidades religiosas y, entre ellas, también a las  religiosas de nuestro Monasterio. Ante el cúmulo de contratiempos y dificultades que fueron haciendo acto de presencia en nuestra Patria, si  nuestro Monasterio de la Concepción pudo soportarlas  con entereza y ejemplaridad y salir airoso de todas ellas,  fue  merced a la entrega, al sacrificio y al fuerte espíritu de entrega al Señor que siempre pusieron de manifiesto las distintas  religiosas clarisas que moraban en él..

 

 A partir del Siglo XX

En los inicios del Siglo XX formaban la Comunidad  11 hermanas, de las cuales, 8, eran profesas y, 3, eran novicias. Fueron numerosas las reformas que durante esta época se llevaron a cabo en nuestro Monasterio de las que únicamente mencionamos algunas. En 1920 se construyó el  nuevo cementerio fuera del edificio del Monasterio, al final de la huerta, y en 1.925 se llevó a cabo la restauración de la iglesia conventual. 

La Comunidad era muy pobre y vivía de lo que el trabajo cotidiano les proporcionaba y de las dotes que aportaban las hermanas al entrar en el Monasterio. Se dedicaban al trabajo de limpieza, rizado y encañonado de ropa de iglesia y, también, rizaban y encañonaban ropa de bebé y, además, confeccionaban formas para las iglesias de Medina de Rioseco y pueblos del alfoz.   

En 1.938 la situación del Monasterio ofrecía un aspecto lamentable y ruinoso:  las paredes del patio exterior estaban agrietadas, el torno se estaba cayendo,  la pared del locutorio estaba apuntalada por causa de las inundaciones por parte del rio Sequillo.  En ese momento,  eran 11 las hermanas que componían la Comunidad Religiosa. 

Los años posteriores a la Guerra Civil de 1.936, fueron años de mucha miseria económica para la Comunidad de religiosas, ya que los ingresos por el trabajo eran muy bajos, por lo que carecían de recursos para arreglar los abundantes desperfectos que iban apareciendo en el edificio y hasta casi no  tenían ni para poder comer. 

En esta época era Abadesa la Madre Soledad Sarasola que, viendo la grave  penuria en la que vivía la Comunidad, tuvo la valentía de salir a mendigar para sus hermanas en Medina de Rioseco y los  pueblos de la Provincia. Ella no acudió sola a la realización de este cometido, sino que se llevó consigo a la más joven profesa de la Comunidad, Sor Celina Coloma, que acababa de profesar. Con lo que sacaron en su cuestación, pudieron arreglar la fachada del patio exterior del Monasterio amén de solucionar otros problemas más necesarios que urgía solucionar. 

Entre 1.956 y 1.968, acudieron a reforzar a la Comunidad hermanas procedentes de Soria, Cintruéñigo, Bidaurreta, Durango y Tolosa. La comunidad en esta época se dedicaba a bordar,  lavar,  planchar, zurcir y al cultivo y cuidado de la huerta y de las vacas y otros animales que tenían. En 1.966 los miembros de la Comunidad eran 12 hermanas.

Entre 1.973 y 1. 984 volvieron a realizarse obras de restauración del edificio del Monasterio entre las que hay que citar, como más significativas el arreglo los locutorios, la  reparación y remodelación del y  la  introducción del agua corriente en las diversas dependencias de la casa. 

El 11 de septiembre de 1.980 se produjo un incendio en el interior del Monasterio que quemó parte del mismo, dejando a las hermanas en una situación muy precaria. Pero la Divina Providencia, que siempre acude en nuestra ayuda con generosidad, es la que  hizo posible que, a los dos años, ya estuviera totalmente restaurada la parte afectada por el incendio, quedando el Monasterio arreglado. El 27 de Mayo de  1.984 tuvo lugar la bendición e inauguración de las obras realizadas  por parte del Cardenal y entonces Arzobispo de Sevilla, D. Carlos Amigo Vallejo, hijo de Medina de Rioseco y muy vinculado desde niño a este monasterio. Con motivo del Año Mariano, en 1.987, se colocó una gruta con la Virgen de Lourdes cerca del cementerio de la Comunidad. 

 

Celebraciones y hechos destacables recientes

V Centenario del monasterio

  

La apertura tuvo lugar el 17 de abril de 1991 con una Eucaristía presidida por el arzobispo de Valladolid, Don José Delicado Baeza. Actuó brillantemente la Coral riosecana “Almirante Enríquez” y contamos con la presencia de la Excma. Señora Duquesa de Rioseco, Dª Asumpta de la Torre Téllez Girón, el Presidente de la Diputación y la Corporación Municipal, además de multitud de vecinos amigos de la comunidad.

La celebración del Solemne Triduo en honor de San Antonio de Padua, que este año tuvo una significación especial y fue  predicado por Fray Marcelino Asurabarrete, asistente pontificio de las Clarisas de Cantabria.

El día de santa Clara el 11 de agosto con una solemne Eucaristía  presidida por el Ilmo. Sr. D. Santiago Francia, Canónigo Magistral de las Catedral de Palencia.

La Eucaristía celebrado el día 25 de agosto de 1.991, el mismo día en que,  quinientos años antes,  se había recibido la Bula de Fundación del Monasterio. Presidió la celebración de acción de gracias y participó un gran número de  amigos de la Comunidad.

 

La comunidad se hace internacional  

En las postrimerías del siglo XX  y  para poder  paliar, por una parte, los efectos negativos del gravísimo problema de la escasez de vocaciones  que se está viviendo en nuestra Patria y, por otra, poder suplir a las religiosas  a las que la hermana muerte se ha llevado y a las que las secuelas de la ancianidad hacen mella en ellas, comenzaron a venir a nuestro Monasterio religiosas profesas Clarisas  de los Monasterios de Perú, Méjico y Ecuador, que contaban con el permiso de la Obediencia y , además, con un contrato de estancia en nuestro Monasterio durante un período de tiempo  debidamente firmado y sellado y, cuando este tipo de ayuda se hizo imposible por falta de vocaciones, ya en el siglo XXI, comenzaron a venir  nuevas vocaciones de jóvenes procedentes de Méjico, Kenia y de Tanzania con el mismo fin.

Un documental de la comunidad

 A principios del siglo XXI, el productor D. Ramón Margareto grabó un documental titulado “Clarísimas” en el que se narra, magistralmente y con gran detalle  cómo es la vida a lo largo de un día cualquiera entre las religiosas de este Monasterio. Este documental ha sido muy difundido y proyectado y siempre ha merecido plácemes y felicitaciones de todo tipo.

Hermanas de destacada santidad

Desde los primeros años de la Fundación, se encuentran documentos que relatan la santidad de alguna de las hermanas que profesaron n el Monasterio de Medina de Rioseco, así encontramos en la “IV Crónica Seráfica” estas palabras: “Y el Convento de Santa Clara de Medina de Rioseco ha tenido religiosas de gran santidad y virtud; doña Isabel de Cabrera, en cuya muerte se oyó música del cielo; y sobre la cabeza de Constanza González apareció una paloma muy blanca. Francisca de Villalobos, vio al bienaventurado San Antonio de Padua y a su muerte asistieron muchos ángeles; y  doña María Daza vio a Nuestro Redentor Jesucristo crucificado del que salía sangre”.

Ya por documentos o por recuerdos personales también cabe destacar a otras hermanas que dejaron huella en el convento por su vocación. Entre ellas cabe destacar las siguientes:

 

  • Madre Juana Espinosa. Fuetan observante que, además  de vivir pobrísima, fue de vida tan retirada que jamás la vio  hombre alguno el rostro. Se cuenta que viniéndola a visitar  su hermano, que llegaba de las Indias, no se alzó el velo. Fue devotísima del Santo Sacramento y murió en 1.607, según consta en el libro de cuentas f. 107-8
  • Magdalena Evangelista. Fue  una religiosa de probada vocación, que se vestía de limosna y ayunaba a pan y agua la mayoría  de los días. Se pasaba las noches en oración y penitencia. Era muy devota de San Juan Bautista. Se cuenta que el día de su entierro no se gastaron las hachas y los cirios de cera, lo que admiró a todos los presentes. Murió en 1.646, según consta en el Necrologio f. 10
  • Madre Francisca de Arcayos. Fue una religiosa de una gran vida de oración y muy devota del misterio de la Expectación, cuya pintura se encuentra en el coro bajo. Deseando tenerlo en su celda el día de su muerte, sucedió que habiendo una fuerte crecida del rio Sequillo y con el convento en peligro, se sacó el cuadro y la tormenta cesó, según aparece en el Libro de Cuentas  de 1.591
  • María Luisa Núñez de Monroy. Fue una religiosa de grandes y frecuentes penitencias. Ocho días antes de su muerte le habló  desde un retablo  Nuestro Señor, que estaba pintado de pastor, y le dijo: “Luisa, levántate”.  Y ante estas palabras, ella que desde hacía  cuatro años estaba tullida se levantó de inmediato  sin ayuda de nadie. Murió en 1.667, según aparece en Libro de Cuentas. Necrologio f. 1º
  • Madre María Soledad Sarasola. Fue una religiosa de alma fina, delicada y de grandes virtudes. Su recuerdo es imperecedero en aquellas personas que la conocieron, tanto entre las hermanas, como entre las que trataron con ella a través de la reja de locutorio. Pasó por Medina de Rioseco sembrando bondad y su vida llena una página en la historia del Convento. Su presencia espiritual continúa bendiciendo a las hermanas que pasan por este Monasterio. Siempre estuvo en la brecha y murió bendiciendo a las hermanas con lágrimas en los ojos. Fue una vida totalmente dedicada al servicio del Señor en el claustro y murió en 1.957
  • Sor María Celina Coloma Calleja, que ingresó en el Monasterio cuando solo tenía 26 años  y murió a los 92, disfrutando siempre de una salud aceptable, de una alegría contagiosa,  de una exquisita dulzura, de una gran disponibilidad y, sobre todo, de un profundo espíritu religioso, contemplativo y clariano, para ejemplo y admiración de todos los que la conocieron. De ella dijo públicamente el cineasta D. Ramón Margareto, que  había sido monaguillo de Monasterio, que, en los momento duros de la vida que había tenido que atravesar en su juventud y a lo largo de su vida, siempre lo que más le  había reconfortado y animado fue el recuerdo de la sonrisa afable y la dulzura exquisita que esta religiosa siempre le había demostrado  en el trato que mantuvo con él”.

 

La comunidad en la actualidad 

En la Actualidad el número de religiosas que componen la Comunidad son 8, de las cuales una se encuentra postrada en el lecho del dolor desde hace ya varios años y el resto se encuentran en buen estado de salud.. Estas son: la Madre María Concepción Vega, abadesa de la Comunidad; Madre Aurora Jesús Rodríguez Pérez, Vicaria; Sor, Estrella Morales Alonso, enferma y profesa solemne; Sor Piedad Dolores Cuadrado Aguado, profesa solemne; Sor  María José de la Cruz, mejicana y profesa solemne; Sor Mª Reyna del Sagrado Corazón, mejicana y profesa solemne; sor Clara Inés (Janeth)  Raymondi Mboya, Tanzana y profesa simple y Sor  Beatriz (Inés) Mushi, Tanzana y novicia. 

 

Trabajo monástico 

“Lo ingresos con los que vivimos son: por una parte, las pensiones de las jubiladas y los donativos de los bienhechores; y por otra, y fundamentalmente, el fruto de los trabajos que  constantemente realizan las religiosas de este Monasterio, como dignas y responsables hijas de nuestro Padre San Francisco y de su “plantita” Santa Clara. Estos trabajos son: la confección, lavado,  planchado, reparación y bordado, de las túnicas que llevan los cofrades en la procesiones de Semana Santa; la realización de bordados de todo tipo; el lavado y planchado de ropa en general,  la limpieza y organización de la Casa del peregrino “Tau Santa Clara” y de la casa de acogida que tenemos; la confección de formas para la comunión para las iglesias de la Ciudad y pueblos del entorno;   el montaje de rosarios y pulseras, y  una variada muestra trabajos religiosos, “

Información proporcionada por la Hna. Piedad Dolores Cuadrado Aguado osc. Monasterio de hnas. Clarisas de Medina de Rioseco